sábado, 22 de febrero de 2014

MICRORRELATOS DE FEBRERO

Todo el mundo dice que Febrero es un mes un poco soso. Quizá tengan razón porque, hasta el momento, solamente dos microrrelatos han llegado a este blog. Bueno, os sigo animando a que participéis: es divertido, estimulante y podéis ganar "El dulce aroma de la madreselva", de Manuel Merenciano, uno de los mejores thrillers que he leído. A continuación, podéis saborear las dos pequeñas joyas que ya están aquí.




Manos

"Sonó, casi de inmediato, el móvil de la chimenea, sus manos artríticas intentaban descolgarlo. Aquellas pequeñas teclas no estaban hechas para ella.
"Maldita tecnología" susurraba entre dientes.
Cuando finalmente consiguió pulsar el minúsculo botón verde y llevárselo a la oreja, solo consiguió oír el frío pitido de teléfono comunicando.


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Sonó, casi de inmediato, el móvil de la chimenea. Era ya muy tarde, demasiado, pero el fuego aún ardía con intensidad.
Sus manos sudorosas descolgaron con ansiedad.
Eran aquellos extraños ruidos de nuevo, habían vuelto, no iban a dejarle. La presión era insoportable.
Las sirenas de las ambulancias acompañaban el amanecer, las cortinas del balcón se agitaban al viento, en la chimenea apenas unos escollos.
En el suelo el móvil sonaba de nuevo, no habría respuesta alguna.

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 La última llamada

Sonó, casi de inmediato, el móvil de la chimenea. Desde el suelo escuchó las estridentes notas de Hermann y a punto estuvo de soltarse a reír. Lo hubiera hecho, pero el lado izquierdo de su boca llegaba ahora hasta la sien. Pensó que, de hecho, aquella carnicería podría asemejarse a una sonrisa. Nunca llegaría a descolgar el maldito teléfono, pero con el último suspiro deseó haber tenido tiempo para hablar con ella, su hermana. Había prometido llamarlo desde el aeropuerto. 

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Parkinson

Sonó, casi de inmediato, el móvil de la chimenea. Un agente llamaba para dar la noticia.
El tono pegadizo que su hijo le había configurado actuaba de alarma. Muy adentro su mente le había ordenado dejar de mecerse.
Canturreó un instante la melodía. Pasado un segundo su cuerpo reinició el movimiento armónico, mientras acariciaba al gato en su regazo.


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Sonó, casi de inmediato, el móvil de la chimenea. No esperaba visitas, ni mucho menos llamadas. Tenía todo planeado, era cuestión de tiempo para hacer las cosas bien. Nadie lo descubriría. Menos el pesado policía que acababa de llamar. La quemare muy lentamente en la chimenea y nadie lo sabrá jamás. Confundiré el olor con mis productos de limpieza. Siempre dije que crear fragancias era el mejor trabajo del mundo. Ellos me engañaron, pero yo lo haré mejor. Pensaron que nunca descubriría su farsa, pero soy más listo, nadie me llevara a la fuerza a ese hospital mental. Jamás.

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Tecnología

Sonó, casi de inmediato, el móvil de la chimenea. Yo, que nunca he rezado, lo hice entonces. El maldito chisme, regalo de mi amante esposo, era lo último en telefonía. Cuando me lo dio, me dijo que así nunca me perdería de vista, que podría contemplar mi sonrisa con una simple llamada.”Con esta pequeña cámara, nena, podré verte estés donde estés”. Sonreí, fingiendo que me encantaba. Habría preferido un clásico ramo de rosas rojas. Como el que adorna la chimenea mientras recupero la respiración después de amar a Héctor.