jueves, 8 de enero de 2015

Vi

El estudiante puso pie en tierra y la miró a los ojos. Empezaba a despuntar la aurora, iluminando en lontananza las cúpulas doradas de las iglesias de Kiev.
Vi

Los cuentos populares han sido y siguen siendo un instrumento útil en el conocimiento de un pueblo, de un país, de una región. Dentro de este género, los cuentos de terror se pueden considerar el refugio de los humanos ante el horror real.
Como dice Stephen King en su estudio Danza Macabra «¿Por qué motivo van a sacarse de la nada cosas horribles, cuando hay tanto horror real en el mundo? La respuesta parece ser que inventamos horrores para ayudar a hacer frente a los reales. Sirviéndonos de la portentosa imaginación humana, nos aferramos a esos mismos elementos que introducen discordia y destrucción, a fin de convertirlos en herramientas de desmantelamiento de sí mismos». Y como el horror en estos días nos rodea, he traído al blog uno de estos antídotos, de la mano del genial Nikolái Gógol. He tenido la suerte, además, de disfrutar de una edición ilustrada por Luis Scafati que se publicó para celebrar el bicentenario del nacimiento del escritor. Vi es el nombre que los ucranianos dan al jefe de los gnomos y, a través de las páginas de este relato, nos toparemos con elementos terroríficos, espectrales, pero también con una descripción de las costumbres y tradiciones del pueblo ucraniano. Con la acostumbrada genialidad narrativa del autor, volvemos a sumergirnos en los cuentos de brujas de nuestra niñez o en las leyendas más oscuras de Bécquer.

Sinopsis:

La leyenda narra lo acontecido a Jomá, un joven seminarista de Kiev, que una noche vive una inquietante experiencia en una remota aldea de la estepa. En mitad de la noche la vieja campesina que lo ha acogido salta encima de él y, mediante un hechizo, lo usa como cabalgadura para galopar por las praderas.
Pero ese misterioso suceso dará lugar a otros más escalofriantes: de regreso en la ciudad, se ponen en contacto con él para que rece las oraciones por una joven difunta a la que Jomá nunca ha conocido, pero que ha indicado su voluntad expresa de que sea él quien ore por su alma. Y en la lejana aldea de la muchacha, mientras vela el cadáver en una solitaria iglesia a lo largo de tres noches, los entes infernales del más allá tratarán de dificultar su labor.