lunes, 23 de febrero de 2015

EL SILBIDO DE LA SERPIENTE

 
 
No suelo leer novela erótica, no al menos de un tiempo a esta parte. Supongo que demasiadas "sombras" consiguen que uno rechace todo lo que tenga que ver con el mismo tema.
Lo que no quiere decir que sea un género que no me guste, al contrario. Por eso traigo hoy aquí la obra de la autora Aída del Pozo que llegó hasta mí, no a través del erotismo, sino de lo que tiene de negra. Nada más comenzar a leerla me dije, "bien, aquí tenemos un buen psicópata, de esos de tomo y lomo". Y la verdad es que las páginas de esta autora no me han decepcionado, da igual el género en el que enmarquemos la obra. Entre sábanas, o fuera de ellas, en ningún momento se pierde el análisis interno de una mente perversa y enferma. Una historia de relaciones poco comunes, en las que se entremezclan el sexo llevado hasta el límite, junto a los instintos criminales y el ansia de posesión. Por otro lado, el alto grado de originalidad de la obra, tanto en el planteamiento como en su resolución, me obligan a dar mi más absoluta enhorabuena a esta autora. Eso sí, es una novela para adultos. Abstenerse adolescentes, que estos días andan confusos con ciertas prácticas sexuales que admiten como "ideales", que persiguen incluso, sin tener la madurez suficiente como para entender ni siquiera lo que están leyendo. No hagamos más caótico su paso por una etapa ya de por sí complicada de atravesar.
Si la queréis comprar, aquí está el enlace.

EL SILBIDO DE LA SERPIENTE, de AÍDA DEL POZO




Llevo años sintiendo que soy un caparazón vacío. Me levanto cada mañana con la necesidad de hacerme con lo que los demás poseen y de lo que yo carezco: ese halo invisible que dota a las personas de sentimientos y distingue a los seres humanos de las bestias. Hace mucho tiempo que llegué a la conclusión de que no tengo alma. ¿Nací sin ella? Quizás la tuve pero me la robaron cuando mi padrastro se metió en mi cama con el tácito consentimiento de mi madre. Sin embargo, Candy, la mujer con la que convivo, se empeña en convencerme de que la poseo. Insiste en que la mía es un alma atormentada y llena de recovecos oscuros y profundos secretos, pero que está atrapada en este cuerpo que ella venera, clamando para que yo deje de creer que tan solo soy una carcasa. Quiso mostrármela a través del retrato que me hizo hace unas semanas. Entonces creí verla por un instante… Sin embargo, en mis amaneceres aún no existen días de primavera. Más allá de mis cuatro paredes todo me parece una cloaca y la gente me importa poco pues de los zombis que pululan a mi alrededor, solo necesito una cosa: sus almas. Y ahora debo salir a cazar. Tengo tanta hambre…