viernes, 2 de agosto de 2013

EMILIO CASADO MORENO

De las novelas de Emilio Casado Moreno, elegí Crónica Insignificante porque el título me pareció atractivo y cercano. Antes de comprarla, utilicé esa estupenda opción de Amazon de descargar un fragmento gratuito
; no andan las economías para excesos (el protagonista me habría comprendido perfectamente), y esas páginas iniciales me convencieron de una manera tajante: el libro tenía que ser mío. No me defraudó en ningún momento, al contrario, iba creciendo a medida que avanzaba para, el muy ladino, sorprenderme con un final inesperado. Marcelo Suelas, el protagonista, enseguida pasó a formar parte de mis días. Un tipo que puede ser cualquiera que ronde los 40 y que viva en la España que nos toca sufrir: apuros económicos, trabajo que pende de un hilo, desidia, y una ironía que ayuda a superar los trances. No es que Marcelo Suelas se parezca a Toru Watanabe o que las calles de Madrid se asemejen a las de Tokio, pero desde los primeros instantes de lectura se coló el gusto que deja en sus novelas mi admirado Murakami. También Emilio Casado Moreno crea personajes llenos de matices y también nos regala el contexto sonoro de su día a día. La música acompaña los pasos del protagonista y los nuestros al caminar a su lado, y eso es algo que no muchos autores logran llevar a cabo con éxito. Por otro lado, creo que es un buen análisis de la situación actual que viven tantas personas en nuestros días, tratada con sinceridad y sin dramatismos excesivos. Al acabar la novela de este autor tuve ese sentimiento que suele tenerse al acabar un buen libro: pensé, "mierda, como voy a echar de menos a este tipo". Solo me resta darle mi más sincera enhorabuena al autor y recomendaros a todos que nos os perdáis su obra. Yo haré lo propio con lo que me queda por leer y lo venidero.



CRÓNICA INSIGNIFICANTE, de EMILIO CASADO MORENO


Después del fracaso de su matrimonio Marcelo Suelas se ha visto obligado a empaquetar sus pocas pertenencias y volver al hogar de sus padres. Rondando los cuarenta y cuestionándose amargamente su propia estabilidad mental, Marcelo se ha quedado sin casa, sin coche, económicamente famélico y con su adorada hija en régimen de visitas. Para colmo su trabajo como psicólogo interino en la Prisión Provincial pende de un hilo.
La vida no parece darle tregua.